- Jóvenes han tomado la antorcha para relevar a los viejos que mantienen la tradición guadalupana
Staff/EL MAÑANA
Xilitla.- Cada diciembre, cuando el frío arrecia y las callejuelas de Xilitla comienzan a llenarse de aromas festivos, un grupo de hombres y mujeres emprende un viaje que va más allá de la distancia: es un recorrido de memoria, promesa y gratitud.
Son las y los peregrinos de la Antorcha Guadalupana, xilitlenses que desde hace 40 años llevan su fe desde la Basílica de Guadalupe hasta su tierra, iluminando el camino con una flama que simboliza esperanza.
La peregrinación no distingue edades. Entre los corredores van jóvenes que se suman por primera vez, personas adultas que han hecho de esta ruta parte de su vida y quienes, con paso firme, recuerdan a los familiares que alguna vez corrieron junto a ellos.
Cada relevo, cada kilómetro, es acompañado por oraciones, cantos y la emoción de portar la antorcha, un símbolo que —dicen— “se siente más en el corazón que en las manos”.
Quienes han participado desde las primeras ediciones cuentan que la tradición ha crecido con el pueblo. Antes eran unos cuantos; hoy son decenas que se organizan para recorrer carreteras, descansar en comunidades amigas y avanzar con la certeza de que la Morenita del Tepeyac cuida su camino.
A su regreso, Xilitla los recibe con aplausos, flores y abrazos que celebran no solo el esfuerzo físico, sino la constancia de mantener viva una tradición que une a familias enteras.
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