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En el contexto actual, donde “lo que no se mide no es contable” y los porcentajes se han convertido en la vara de medición para calcular avances en todas las ramas de la economía y la sociedad, surge una reflexión inevitable: medir el desarrollo económico de la Región Huasteca se vuelve cada vez más complejo. El argumento es claro: dejamos de ser una zona eminentemente agrícola para convertirnos en una periferia de negocios y comercio. ¡Y no está mal!
La Huasteca Centro siempre se distinguió por la industria cañera y por su fortaleza en el comercio regional frente a los municipios circunvecinos. Sin embargo, el clima, la expansión de la mancha urbana, el surgimiento de nuevas industrias comerciales, empresas de servicios y centros comerciales han transformado la dinámica de por lo menos Ciudad Valles y sus municipios vecinos. Esto nos deja la tarea de pensar: ¿estamos haciendo las cosas bien? ¿Ya no fluye el dinero como en años pasados? ¿Como ciudadanos y comerciantes, estamos errando en algo?
Estimados lectores, más bien estamos frente a ciclos de urbanización que atraviesan las ciudades. En términos simples: “cuando el rancho grande comienza a hacerse ciudad”. Aparecen el tráfico donde antes no existía, los semáforos donde no se necesitaban, las casas multiplicándose en nuevos condominios, los supermercados y las empresas comerciales mucho más grandes de lo que estábamos acostumbrados. ¡Y está bien!
Lo fundamental es comprender que los cambios, tarde o temprano, llegan a todas las ciudades. La verdadera pregunta es: ¿nos adaptamos a los nuevos contextos económicos? ¿Buscamos nuevas fuentes de ingreso y preferencias de mercado? Hoy lo tradicional comienza a evolucionar y, con ello, sus habitantes. Seamos parte del cambio.
















