Las celebraciones decembrinas no solo traen posadas y abrazos: también activan recuerdos, duelos y emociones guardadas.
CDMX.-Durante las fiestas, la presión por “estar bien” pesa más que el pavo. Según Dolores Montilla, presidenta de la Asociación Psicoanalítica Mexicana, estas fechas concentran símbolos, rituales y expectativas familiares que reactivan memorias profundas: ausencias, conflictos no resueltos, pérdidas recientes o viejas heridas.
Desde el psicoanálisis, diciembre no es solo cierre de año, también es un momento donde el mundo interno se agita. La música, la comida o las reuniones familiares pueden detonar tristeza, ansiedad, irritabilidad o un cansancio emocional difícil de explicar, incluso en personas que “aparentemente están bien”.

Montilla subraya que uno de los grandes problemas es el mandato social de la felicidad obligatoria. Fingir que todo está perfecto cuando no lo está genera desgaste psíquico que puede manifestarse en insomnio, dolores físicos, problemas digestivos o fatiga constante.
Lejos de ver esto como algo negativo, la especialista plantea que estas emociones pueden ser una oportunidad para escucharse, poner límites y entender mejor la propia historia. El autocuidado —dice— no es egoísmo, es respeto por la vida emocional.
Reconocer lo que se siente, elegir a qué reuniones ir, crear rituales personales y buscar apoyo profesional cuando se necesite son algunas claves para atravesar las fiestas sin romperse por dentro. Porque sí, diciembre puede ser luminoso… pero también pesado, y ambas cosas pueden coexistir.
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