TANJALÁS.- La historia duele porque es real y porque se repite más de lo que se cuenta. Don Roberto, de 78 años, salió de su comunidad con una sola misión: encontrar ayuda médica para su esposa enferma. Pero nunca regresó. Su viaje terminó en tragedia.
La noche del jueves, en una carretera rural de Tanlajás, Don Roberto aceptó un “raid” en motocicleta rumbo a buscar apoyo. La unidad derrapó y terminó fuera del camino, entre cañaverales. El conductor sobrevivió. Él no.
Su nombre era Roberto Martínez Antonia, vecino de Malilija. No iba de paseo ni por gusto: iba por ayuda, como miles de personas en comunidades donde enfermarse implica recorrer kilómetros sin ambulancias, clínicas cercanas o transporte seguro.


En muchas zonas rurales de la Huasteca potosina, trasladarse a un hospital puede significar pedir “aventón”, subirse a una moto, una camioneta improvisada o esperar horas a que alguien pase. No hay rutas, no hay unidades médicas suficientes y, muchas veces, tampoco tiempo.
La tragedia de Don Roberto no solo habla de un accidente, sino de una realidad silenciosa: cuando la salud queda lejos, la urgencia se vuelve riesgo. Y en ese camino, hay quienes literalmente dejan la vida intentando salvar a alguien más.
Hoy su historia no solo enluta a una familia. También deja una pregunta incómoda flotando en el aire: ¿cuántos más tienen que morir en el trayecto para que la atención médica llegue primero?














