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Agencia Reforma
Ciudad de México 30 octubre 2026.- Francisca Hernández, curandera y matriarca en la región de los Tuxtlas, Veracruz, protagoniza Río de sapos (2024), documental dirigido por Juan Nuñch.
“Quería retratar la figura de Francisca, quería estar cerca de su oficio y compartir algunas cosas con la gente de lo que Francisca es, porque, obviamente, es mucho más de lo puedes ver en la película. Al final, las películas son pequeños fragmentos de la vida de alguien”, señala el realizador.
Si en Pies Ligeros (2016), su ópera prima, plasma la organización comunitaria de la Sierra Tarahumara en su natal Chihuahua, en su segundo largometraje entrega un ensayo visual donde explora los misterios de la fe.
En la película se muestra el sincretismo religioso que abreva de las culturas afrodescendientes asentadas en Veracruz.
“Este lugar de los Tuxtlas fue donde llegó la mayor cantidad de esclavos africanos y con ello también vinieron las religiones africanas. Entonces, este sincretismo de creencias pues es riquísimo y es inabarcable. Es un territorio donde se creen muchísimas cosas. Viven su religiosidad de una forma intensa”, apunta.
La película deja ver que Francisca es una figura de respeto en la comunidad, una suerte de protectora de la gente y de la región.
“Es un personaje, digamos, casi un arcano, es como un personaje mítico, la mujer que cura es bastante antiguo. Siempre me ha parecido como muy muy mágico, muy maternal. Son personas que hacen comunidad, que construyen comunidad, que unen a la gente”, dice Nuñch, quien radica en Xalapa.
El director documentó durante tres años la llamada misa negra, un ritual donde se conjugan vida y muerte.
“Francisca sí rinde culto a la santa muerte, como muchas personas no solo en el sur de Veracruz, yo te diría en México. Francisca le pide a la muerte, casi que es como una especie de intermediaria donde le dice a la muerte: ‘Oye, protégeme esta persona y dale un poquito más de chance, ¿no?’.
“Ella es católica. Siempre que hay un bautizo, unos 15 años, una boda, siempre celebran el rito católico como cualquier persona. Solo digamos que la Iglesia católica es la que tiene más problema con que ella crea en esta figura de la muerte”.
Fue para el director un hallazgo durante la filmación conocer el santuario El encanto del búho, el templo de Francisca, que convoca a la gente cada primer viernes de marzo.
“Básicamente lo que se cree es que se abre un portal energético por 24 horas, entonces es un buen día para dar gracias, para curarte, para que si traes algún mal físico o espiritual, pues ir a pedir ayuda, apoyo, o simplemente darte una limpia para mantener las energías bien”, cuenta.
Sin una historia lineal, sino más bien como una concatenación de “postales poéticas”, Río de sapos propone, a decir de Nuñch, una exploración territorial y social de ese universo sincrético.
¿Por qué Río de Sapos?
El pueblo se llama Zapoapan, y el hermano de Francisca me dijo que significaba Río de Sapos. Apan en náhuatl es río. Hay una anécdota chistosa, después yo busqué el nombre en un libro de nombres de Veracruz y resultó que era “río de zapotes”, pero como que a mí se me metió en el imaginario el “río de sapos” y ya me quedé con ese nombre, como que desde que lo escuchas te imaginas muchas cosas.
Tras su recorrido por casi una veintena de festivales nacionales e internacionales, Río de sapos arriba este viernes 30 a la Cineteca Nacional y seguirá itinerando en salas del País.

















