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A más de doce meses de promesas de inversión y retiro de lirio, la Presa de San José permanece en abandono.
Staff / El Mañana
La Presa de San José ya no es solo un espacio deteriorado: se ha convertido en símbolo político de la gestión de Enrique Galindo Ceballos. A más de un año de que el alcalde anunciara inversión para rescatarla y retirar el lirio acuático con 6 millones de pesos, no existe obra visible ni resultados verificables.
El argumento de una falla geológica sirvió para frenar intervenciones, pero el tiempo pasó y el abandono se profundizó. Juegos oxidados, grafiti, basura y maleza dominan el entorno. La vigilancia es escasa y la actividad comercial prometida para reubicarse con apoyo municipal simplemente no llegó. La presa, que antes obligaba a madrugar para encontrar lugar, hoy apenas recibe visitantes que constatan el deterioro.


Más grave aún es el estado del agua. El lirio cubre la mayor parte del espejo, reduciendo su capacidad y comprometiendo su aprovechamiento en plena antesala de la temporada de calor y estiaje. Mientras la zona metropolitana enfrenta tensiones hídricas, su principal reserva permanece invadida y sin saneamiento.
El 3 de abril del año pasado se prometió intervención inmediata. Hoy, marzo de 2026, la vegetación continúa, los recursos no se transparentan y la infraestructura sigue deteriorándose. La pregunta ya no es técnica, sino política: ¿dónde quedó la inversión anunciada y quién responde por el abandono?
En tiempos de sequía, la ciudad observa cómo se evapora no solo el agua, sino la credibilidad.
















