La corte del miedo

En la “Noble y Caballeresca” Corte Real de San Luis Potosí, parece que la voluntad del Virrey es ley. Entre príncipes serviles y comandantes de alta alcurnia, si no de sangre azul, sí de uniforme, se escribe hoy una historia de desencanto, la crónica de una capital que navega a la deriva en materia de seguridad.
El mito del “Súper Policía”
Aunque usted no lo crea, nuestro galardonado Presidente Municipal es “Azul”. Y no, no es por un parecido a los Pitufos, pequeños suspiritos azules, ni porque su ego lo haya transformado en un aristócrata de linaje. Es azul porque es un policía de carrera; un hombre que ha recorrido los pasillos de la seguridad pública en los tres niveles de gobierno

Bajo esa premisa nos vendió su candidatura. Se presentó como un “Súper Policía”, casi un Superman potosino que erradicaría la delincuencia de nuestro querido San Luis. Lo recibimos con esperanza, pero la realidad nos dio un golpe de seco; nos encontramos en uno de los periodos más inseguros de los últimos años. Mientras la ciudad padece, y parece que la prioridad está más en la farándula y el reflector que en la estrategia.
¿Y la seguridad? Bien, gracias.
La pregunta es obligada: ¿Dónde quedó la experiencia presumida? ¿Se olvidó ya el eslogan de “servir y proteger”? Porque, siendo claros, ni nos ha servido ni nos ha protegido. Sus estrategias no solo son cuestionables; simplemente ni funcionan, ni sirven.
Surge entonces otra duda, si el Alcalde no puede, ¿qué hace su flamante Secretario de Seguridad, el Comisario Villa? En cada oportunidad declara que vivimos en una ciudad segura. ¿A qué San Luis Potosí se refiere? ¿Sabrá lo que es el miedo diario ante los robos, asaltos a mano armada y el libre albedrío de las pandillas? Quizás, rodeados de escoltas, les es fácil ser indiferentes.
Su gran “estrategia” actual parece reducirse a mandar patrullas con la sirena abierta, avisando a los delincuentes que es hora de esconderse un momento para luego seguir delinquiendo. Una cortesía que los malhechores agradecen entre burlas.
Anteriormente, los ciclopolicías eran una fuerza eficaz y cercana. Hoy, la unidad está obsoleta. Con apenas un puñado de elementos y bicicletas que dan vergüenza, sin mantenimiento y en condiciones deplorables, los agentes terminan con lesiones físicas por el equipo defectuoso en lugar de resultados operativos.

Lo invito a que camine con los policías de a pie, con los de bicicleta, con los comandantes de bajo rango que sí quieren trabajar y que hoy no son ni recompensados ni escuchados. Deje de escuchar a sus “nobles” cortesanos que solo le dicen lo que quiere oír y enfrente la realidad que reporta el INEGI, el 64% de los potosinos nos sentimos inseguros en nuestra propia casa.

Urgen estrategias reales de seguridad y no juegos de “policías y ladrones”. Ya basta de discursos vacíos. Es hora de ponerse a trabajar!

Nos vemos en la siguiente columna

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