La nueva era de la “concertacesión”

Las reglas del poder son monolíticas: los sistemas de gobierno perduran y sus variables suelen limitarse al reemplazo de quienes ejercen el mando o a oscilaciones ideológicas y económicas.

En el México actual observamos un proceso de capitalización donde la máxima ganancia empuja a todos los actores a negociar fichas para sostener o ampliar cuotas de poder. Predomina una visión patrimonialista impulsada por apetitos personales que rebasan doctrinas e idealismos.

La crítica al poder señala defectos de carácter y exalta la seducción basada en fama o carisma, por encima de formación, conciencia social o trayectoria. El liderazgo dejó de ser intelectual o moral; hoy es emocional.

Sin embargo, el funcionamiento institucional se adapta a cualquier moda. Desde el Vaticano hasta democracias o dictaduras, los líderes pasan y las formalidades permanecen. No hay rupturas abiertas, sino grietas subsanables.

En ese contexto debe leerse la iniciativa de reforma electoral que impulsa la presidenta. Más que un simple ajuste técnico, opera como carnada para medir lealtades y animadversiones: quién está con el proyecto de nación de Claudia Sheinbaum y quién no.

Cuando el PRI dominaba, las crisis de gobernabilidad obligaron a reformar reglas bajo un principio básico: negociar partes del pastel con la oposición. Bajo el neologismo de “concertacesión” se socializó la alternancia que aprovecharon PAN y PRD, hasta configurar un mapa ideológico multicolor donde todos podían ganar y terminó la era del partido único.

Hoy MORENA ocupa el lugar del PRI. Ante la consolidación de su aparato, impulsa cambios que le permitan preservar el sistema del cual es origen y depositario. Cambian colores y personas para que todo siga igual.

En esa perpetuación parece tensarse la alianza que llevó al poder a AMLO y a CSP, como ocurrió con otros presidentes. La crisis de gobernabilidad es permanente porque la insatisfacción humana también lo es.

Paradójicamente, quienes pueden sostener ahora el sistema, vía la “concertacesión”, son los adversarios necesarios: el PRIAN. De sus filas surgió parte del entramado guinda y conocen los mecanismos de supervivencia y camuflaje. A ellos podría recurrir CSP para ceder espacios en gubernaturas si sus aliados presionan en exceso la reforma. A todos les resulta preferible ser cabeza de ratón que cola de león; la territorialidad es herencia feudal.

Este giro pragmático, necesario para perpetuar el modelo de gobernanza, puede encontrar impulso social, como en el pasado cuando se compartieron rebanadas para sostener el sistema y aplicar un modelo donde todo cambia para que nada cambie.

Aquí es donde actores aliados y opositores deben optar por el ganar-ganar pragmático y no por la confrontación. En política mexicana nadie tiene asegurada la supervivencia.

Un volantazo para esquivar un bache puede causar un accidente mayor. Se requiere materia gris y corazón duro para sostener el rumbo hacia un futuro donde, salvo personas y partidos, casi todo seguirá siendo igual, como desde la independencia.

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