La reina muerta llegó al cuarto piso

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La Caja Verde

Todavía era primavera cuando cumplió 40 años The Queen is Dead, un álbum consentido para de algunos nativos melancólicos como quien le escribe semanalmente. Lo recibí por dosis en amaneceres en que una radiodifusora transmitía, a deshoras y sin comerciales, música para desmañanados bajo el mote de puro, total y absoluto rock mientras me preparaba un pan tostado con crema de cacahuate y mermelada de fresa.

Minutos antes de que pusieran el Himno Nacional apretaba al botón de REC del estereofónico para crear el playlist diario que viajaría conmigo a la escuela, si mi Walkman tenía suficiente batería. En ese cassette solían colarse Flock of Seagulls, The Clash o los Simple Minds. Afortunadamente no habían comerciales.

Años más tarde, vistiéndome como Morrissey, con un pantalón de mezclilla arremangado y botas industriales, conseguí un pasaporte en la pasarela en que se convertía la facultad de diseño a pesar de que nunca me crecieron las patillas.

The Smiths no toma nombre del tan común como corriente apellido inglés, sino de la referencia a los asesinatos seriales de niños en Manchester en los sesenta. El personaje de la portada del disco que compré y perdí mil veces es Alain Delon, en un cuadro de la película Invicto.

La banda tiene un postulado filosófico mucho más sofisticado que su concepto plástico lo-que-quiera-eso-decir. Lo que queda de mi chamarrita existencialista de mezclilla porta un parche que dice The Smiths y llegó de Manchester a Satélite por intercambio, como muchos discos, CD´s, revistas o playeras.

A Morrissey fundador con Johny Marr de la banda, les guardo agridulces sentimientos: rencor por ser el crush de mi chava en la universidad y por cancelar conciertos con un “no voy porque hay muchos puestos de hotdogs y yo soy vegetariano”.

Cuarenta años después, enlatado dentro de un camión y con mis airpods, puedo cantar acappela There is a light that never goes out. Con ganas de alivianar la tristeza troto con Bigmouth strikes again o lavo los trastes con Some girls are bigger than others. Ahí aparecen los amaneceres a la carrera, el tostador y la mantequilla de cacahuate a la que de adjudiqué por un tiempo, mi acné juvenil. También extraño a Gabriela, quien por esas fechas era mi reina.

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