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Staff / El Mañana
Los reyes del ska barrial sacaron las garras y arman tremendo pachangón de ultratumba para recordar a los que ya colgaron los tenis.
El asfalto de la gran ciudad vuelve a latir al ritmo del buen pachucos y los acordes subterráneos que marcaron a toda una generación. Lejos de las modas pasajeras y los ritmos plásticos, la icónica agrupación liderada por el buen Roco demostró que el orgullo de barrio se defiende con botas, sombrero y mucha memoria histórica, sobre todo ahora que se aproxima una de las fechas más místicas del año para todos los mexicanos.
En una charla muy íntima, el vocalista recordó los difíciles inicios de la banda allá por la década de los ochenta, cuando el clasismo y el racismo imperaban en los medios y la música tropical o de vecindad era duramente señalada por los fresas de la época. Para el músico, defender la identidad del pachuco, el spanglish y la cultura de la calle no fue capricho, sino un acto de pura sobrevivencia cultural que hoy en día se convirtió en el estandarte de millones de almas en ambos lados de la frontera.
Pero la verdadera bomba nostálgica llegará el próximo 30 de octubre a la plancha de la Arena Ciudad de México, donde la banda montará un aquelarre musical titulado “Día de Muertos en la vecindad: ofrenda a los ancestros”. Lejos de ser un concierto común, el evento promete sacarle las lágrimas y los pasos prohibidos a más de uno con una mega ofrenda comunitaria donde los asistentes podrán colocar la foto de sus fieles difuntos.
La historia de estos músicos con la celebración de los fieles difuntos viene de lejos, exactamente desde 1985, cuando tras el devastador terremoto que sacudió la capital, la banda sintió la imperiosa necesidad de honrar a los caídos en una época donde el Halloween mandaba en las calles. Desde entonces, rescatar las tradiciones mexicanas se volvió una religión para estos veteranos del rock nacional.
Acompañado por el talento de Pato en la guitarra y Aldo en el bajo, el espectáculo promete un recorrido sonoro por las rolas que marcaron época, sin faltar sorpresas, tributos especiales y versiones muy sui géneris de clásicos que recuerdan a la mismísima Sonora Santanera. En medio de un mundo lleno de conflictos, la banda prefiere apostarle al baile y a la Catrina para recordarnos que la vida dura un suspiro.
















