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Staff / El Mañana
Tras el éxito de la mascota mundialista, se destapó que su familia no tenía casa; hoy estrenan depa propio del INVI que pagarán poco a poco.
Quienes vieron al Pato Merlín bailar y armar la fiesta con los aficionados durante el Mundial de 2026, jamás se imaginaron la preocupación que cargaba en la espalda su cuidadora, Karla Ivette Gómez.
Detrás de los aplausos y la fama digital, la realidad era que Karla y sus hijos no tenían un hogar de verdad; vivían amontonados en un local comercial entre las calles de Vértiz y Arcos de Belén, en la alcaldía Cuauhtémoc.
Durante años, Karla cargó con el secreto y el nudo en la garganta.
Cuando la gente le preguntaba dónde vivía, ella mentía por puro terror a que las autoridades de la delegación se enteraran de que pernoctaban en un negocio y los echaran a la calle con todo y maletas.
“Siempre decíamos que vivíamos en una casa cuando no era cierto”, confesó en un emotivo relato.
La suerte de esta familia cambió cuando la historia de carencias llegó a oídos de Claudia Sheinbaum.
Al enterarse de la vulnerabilidad en la que estaban los niños, se coordinaron las acciones con Clara Brugada para abrirles un espacio en los programas del Instituto de Vivienda de la Ciudad de México (INVI).
No fue un regalo regalado de la nada; Karla se metió al esquema de pagos accesibles para ganarse su techo con el sudor de su frente.
Ayer, a través de una videollamada, se le vio la cara de alivio a Karla, una madre que por fin puede dormir en paz.
“Ya no estamos vulnerables, ahora vivimos tranquilos”, dijo con los ojos llorosos.
El Pato Merlín seguirá bailando, pero ahora su familia sabe que al terminar la jornada, hay una puerta propia y segura que los espera para descansar.














