Pisa y corre

De toda ignorancia, la peor es la que surge de una pasión, que es contraria a la razón. Así, existe la ignorancia patriótica del nacionalismo, y el conglomerado de ignorancias religiosas, raciales, ideológicas y bélicas -estas últimas hermanan la guerra con algunas disciplinas deportivas-, hasta llegar a la ignorancia del ego, que se expresa como vanidad, orgullo, soberbia.

Todas las anteriores, conducen al ser humano hacia la mentira colectiva o el autoengaño. No hay mejor ignorancia que la natural, llamada también inocencia, que es la única que conduce hacia el auténtico conocimiento, y es esta la que mueve al ser humano hacia estados de consciencia superiores en el transcurso de su vida, siempre y cuando la emoción causada por su pérdida sea gozosa, de asombro, y no violenta y de estupor.

Sin embargo, la ignorancia por elección es aberrante; y he ahí el caso del que pretende ignorar la existencia del bien para justificar la ignorancia del mal que se comete o se piensa. Ignorar, en este caso, es ser indiferente, aunque se guarde en el interior atormentado que dicha indiferencia no limpia el espíritu de sus manchas. Es como ignorar un tumor, una arritmia cardiaca, una amenaza de muerte.

Por último, y en el mejor de los casos, lo que se debe ignorar es el llamado a cometer el mal, ser ignorantes de la conquista que supone la comisión del mal, pues deriva de la ignorancia de ese pecado moral que es pensar que los demás no existen, que nadie tiene porque saber que se obra mal, que la justicia terrenal no alcanza para castigar a todos. Ignorancia relativista, digamos. Una cómoda ensoñación donde el sufrimiento ajeno no nos puede tocar, aún si lo podemos aliviar o, mejor aún, evitar.

Por eso es necesario atender el llamado de la consciencia, limitar la obediencia a las pasiones desbordadas para evitar el yerro. Y esto depende de poseer una filosofía sencilla, construida de valores como el respeto y la compasión. Detenerse a pensar antes de actuar es convertirse en filósofo, y probablemente nos salve de causar daño material, físico, intelectual o espiritual. Y he ahí la feliz oportunidad de encontrar la sabiduría, de saber que se ha obrado bien con el simple hecho de meditar si lo que es bueno para mi lo es para los demás.

Todos somos ignorantes, pero todos podemos aspirar a ser sabios.

https://elmananaslp.com.mx/suscripciones

Shares



marzo 2026
L M X J V S D
 1
2345678
9101112131415
16171819202122
23242526272829
3031  
El Mañana San Luis