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Agencia Reforma
Ciudad de México 30 octubre 2026.- El fraude del 6 de julio de 1988 no se olvida. La historia reivindica la figura de Cuauhtémoc Cárdenas en el homenaje de cuerpo presente que se le rinde en el vestíbulo del Palacio de Bellas Artes.
“¡El pueblo votó y Cárdenas ganó! ¡El pueblo votó y Cárdenas ganó!”
La consigna irrumpe en la solemnidad que se respira en Bellas Artes. Si el imaginario colectivo recuerda al General Lázaro Cárdenas por la expropiación petrolera de 1938, tampoco olvida el fraude electoral de 1988.
De Frida Kahlo a Juan Gabriel, pasando por Octavio Paz, Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez, Cantinflas, Silvia Pinal y María Félix, Cuauhtémoc Cárdenas se despide de México con un reconocimiento singular: es el primer político al que se le rinde un homenaje de cuerpo presente en Bellas Artes.
La gente no se agolpa, pero cientos de personas -jubilados, profesionistas y adultos mayores- desfilan por el vestíbulo del recinto cultural para despedir a una figura insigne de la izquierda mexicana.
Muchos hacen la “V” de la victoria; otros levantan el puño en señal de una lucha que consideran imperecedera. Decenas dejan mensajes en los libros de condolencias colocados junto a las puertas de Bellas Artes.
“De las juventudes mexicanas: gracias por todo el esfuerzo impreso en el desarrollo democrático de México. El legado que tú y tu padre nos han dejado son y serán la deuda que siempre tendremos con ustedes. ¡Gracias! Las y los futuros arquitectos de un México nuevo”, se lee en uno de los mensajes.
Al filo de las 13:39 horas, entre aplausos cálidos, el féretro es depositado en el vestíbulo sobre una larga alfombra roja que conduce a un enorme retrato de Cárdenas Solórzano. En la imagen, una sonrisa cálida suaviza el rostro de efigie del ingeniero.
La familia Cárdenas Batel -Lázaro, Cuauhtémoc y Camila- extiende dos banderas nacionales sobre el féretro. La solemnidad impregna el vestíbulo del recinto.
A un costado, durante una guardia de honor sui géneris, Carlos Miguel Pedraza, un niño despierto y atento, se lleva la mano derecha a la sien para honrar, a su manera, al hijo del General Cárdenas.
“Quiero seguir los principios de mi General Cárdenas”, dice con orgullo, de la mano de su padre.
Las guardias de honor de la gente que desfila por Bellas Artes contrastan con la solemnidad de los políticos que acuden al recinto, hieráticos. La Presidenta Claudia Sheinbaum comparece por segunda vez ante la familia Cárdenas Batel para dejar constancia de su cercanía con Cárdenas.
En un mensaje improvisado, exalta la “valentía” del General y de su hijo. Después sorprende con una propuesta: llevar a Cuauhtémoc Cárdenas a la Rotonda de las Personas Ilustres. La decisión, precisa, queda a consideración de la familia.
Sheinbaum es recibida cálidamente por los tres hijos y, en un gesto hacia ellos, monta una segunda guardia de honor.
El homenaje transcurre entre sones purépechas. Por el vestíbulo, tapizado de rosas blancas, claveles y alcatraces, desfilan políticos, Secretarios de Estado y hasta un consejero electoral, ajeno al escándalo que sacude las entrañas del INE.
Uuc-Kib Espadas monta guardia. Después lo hacen los Secretarios Édgar Amador, de Hacienda; Mario Delgado, de Educación Pública; Alicia Bárcena, de Medio Ambiente y Recursos Naturales, y Rosaura Ruiz Gutiérrez, de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación.
También montan guardia Jesús Ramírez Cuevas, jefe de asesores de Sheinbaum; Javier “El Güero” González Garza; la diputada emecista Patricia Mercado; el senador morenista Gerardo Fernández Noroña, quien se hinca para despedirse por última vez del ingeniero al pie del féretro, y la jefa de Gobierno, Clara Brugada, que espera la llegada de Sheinbaum sentada entre la familia Cárdenas Batel.
Antes del mensaje de Sheinbaum, los organizadores ceden la palabra a una mujer indígena purépecha. María Guadalupe Gutiérrez llama “Tata” a Cárdenas y le reconoce y agradece todo lo que hizo por los pueblos indígenas.
Imanol Ordorika es el segundo orador. Ex integrante del CEU, movimiento estudiantil en el que también participó la doctora Sheinbaum, resalta la integridad, la coherencia y el compromiso del ingeniero.
La figura de don Jesús Hernández Alarcón destaca entre quienes montan guardia. Sostiene una cartulina con cuatro pequeñas fotografías junto a Cuauhtémoc Cárdenas.
“Desde que supe que falleció me di a la tarea de buscar unas fotos que me tomé con él y eso me animó. Yo siempre lo apoyé, anduve varias veces con él y hoy lo vengo a despedir con todo mi corazón… por última vez”, comparte emocionado, con lágrimas en los ojos.
“Fue un hombre muy sencillo. Yo platiqué con él como en tres ocasiones en el Zócalo, anduvimos cargando la bandera y dando vueltas. Descansamos un ratito y nos compró paletas a todos los que estábamos allí. Y le dije que yo lo había recibido en Iztapalapa”.
Es la gente del pueblo la que acude a dar el último adiós a Cárdenas Solórzano. Y, una vez más, retumba en Bellas Artes la consigna que atraviesa la memoria de una generación: “¡El pueblo votó y Cárdenas ganó!”

















