QUE SIGA EL ‘¿Y SI SÍ?’

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Agencia Reforma

Monterrey, NL 5 julio 2026.- ¿Y si sí?” es la frase que ha devuelto la esperanza a millones de mexicanos.

 Esta breve expresión se ha convertido en una de las grandes protagonistas del Mundial, inyectando entusiasmo y motivación a un pueblo ávido de sentir el triunfo en sus manos.

 Pero más allá del fenómeno que rodea a la Selección Mexicana, el “¿Y si sí?” representa un poderoso mensaje capaz de abrir posibilidades, fortalecer la confianza y favorecer una actitud más optimista para perseguir metas.

 “Al momento de decir ‘¿Y si sí?’, inmediatamente el cerebro entra en una expectativa positiva, en donde hay cierta esperanza que genera una sensación placentera”, explica Jesús Amaya, columnista de EL NORTE y educador con posdoctorado en neurociencias.

 “El cerebro empieza a tener mayor esperanza y a evaluar nuevas opciones”.

 Amaya, profesor de la UDEM, contrasta el efecto del “¿Y si sí?” con el que provoca un “¿Y si no?”.

 “El otro concepto, ‘¿Y si no?’, en vez de producir esa posibilidad de esperanza, empieza a producir alerta, estrés, ansiedad y anticipación porque hay una predicción más negativa”.

 Las expresiones como “¿Y si sí?”, señala, impulsan una disposición mental más abierta para afrontar retos y pueden ser útiles en distintos ámbitos de la vida.

 “En un estudiante que dice ‘¿y si sí paso una materia?’, esa posición más positiva ayuda a que el cerebro genere mayores alternativas, mejores caminos para lograr precisamente ese objetivo.

 “En cambio, un ‘¿Y si no?’ nos sitúa en un proceso más de riesgo. Con situaciones más negativas: ‘¿Y si no entro?’, ‘¿Y si no logro el ascenso?’, ‘¿Y si no logro entrar al trabajo?’, el cerebro genera mayor cortisol, mayor estrés, mayor ansiedad, una disposición un poquito más negativa a nivel cerebral”.

 Un “¿Y si sí?” abre posibilidades, pero también implica el riesgo de fracasar. Cuando eso ocurre, explica Amaya, entra en juego otra capacidad humana: la resiliencia.

 “Con el ‘¿Y si no?’ el problema es que ya no buscas, no te enfrentas, no te arriesgas porque estás con la mentalidad negativa de que no lo vas a lograr.

 “Lo que tenemos que hacer es que, si no se logra el resultado esperado, tengamos la suficiente madurez para enfrentar esa pequeña frustración. Y aquí viene lo bueno: el cerebro está dispuesto a buscar nuevas alternativas, hacer un mejor esfuerzo e intentarlo nuevamente”.

‘HASTA QUE NOS ATREVAMOS’

 Jesús Sánchez, psicoterapeuta, coincide en que el “¿Y si sí?” es una frase esperanzadora que invita a cuestionar creencias, muchas veces arraigadas durante años, de que una meta es imposible.

 “Cuando nosotros cambiamos el chip al ‘¿Y si sí?’, tenemos mayor posibilidad y mayor motivación para alcanzar nuestras metas personales, ya sea en la parte educativa, en algún proyecto personal o en algún proyecto laboral.

 “Y cuando nos motivamos, nos damos más confianza, más perseverancia y nos empujamos precisamente a realizarlo”.

 El verdadero fracaso, sostiene Sánchez, es no intentarlo.

 “Muchas personas se quedan con el ‘no intento’ por el miedo al ‘no puedo’, porque ‘el otro es más inteligente que yo’, ‘el otro tiene más habilidades que yo’, ‘el otro tiene más experiencia que yo’.

 “Pero eso nosotros no lo vamos a saber hasta que nos atrevamos”.

 Por separado, la psicóloga escolar Caty Bermea, autora del cuento ¿Cómo le explico a mi hijo pequeño lo que es el Mundial?, considera que esta frase abre la puerta a un mundo de posibilidades.

 “Es ver el lado positivo y ver con esperanza que puede suceder algo mejor”, señala.

 “(La expresión) nos puede ayudar a lograr nuestras metas pensando en el cómo sí podemos hacerlo, contemplando todas las opciones, eligiendo la que creemos mejor para obtener los resultados que esperamos y confiando en el proceso”.

LO QUE CREES, LO CREAS

 Para Julia Leal, psicóloga especialista en desarrollo humano y facilitadora de programación neurolingüística, el “¿Y si sí?” refleja algo profundo en el plano cultural y psicológico.

 “Es una confesión de duda”, afirma. “Refleja una mentalidad que todavía no termina de creer en su propia capacidad. En lugar de afirmar, titubea. En lugar de sostener certeza, abre la puerta a la posibilidad, pero desde la inseguridad”.

 El problema, continúa, no es la frase en sí, sino lo que revela.

 “Seguimos cuestionando si somos capaces, en lugar de asumirlo. La mentalidad lo es todo. Porque lo que crees, lo creas. Pero la diferencia está en desde dónde lo dices: no es lo mismo pensar ‘¿Y si sí?’ que declarar ‘sí podemos’.

 “El lenguaje no solo comunica, programa.

 “Y mientras sigamos hablándonos desde la duda, nuestros resultados seguirán siendo igual de inciertos”, advierte. “El verdadero cambio empieza cuando dejamos de preguntar y empezamos a afirmar”.

 Las palabras que nos repetimos no son inocentes, escribió recientemente en sus redes sociales el cirujano y escritor español Mario Alonso Puig.

 “Cuando una persona se dice una y otra vez ‘No sirvo para nada’, esa frase puede empezar a instalarse como una verdad interior, aunque no lo sea.

 “Por eso es tan importante cuidar el diálogo que mantenemos con nosotros mismos. No se trata de negar lo que ocurre, ni de repetirnos frases positivas sin sentido. Se trata de no convertir una experiencia dolorosa, un fallo o un momento difícil en una definición de quiénes somos”.

 Siempre podemos empezar a hablarnos de una manera que nos ayude a levantarnos, señala, en lugar de hundirnos.

 “Háblate como hablarías a alguien a quien de verdad quieres ayudar”, concluye.

 El destino de la Selección Mexicana se va a definir en la cancha. Pero, pase lo que pase, el “¿Y si sí?” ya dejó una lección que trasciende al futbol: la forma en que te hablas también influye en la manera en que enfrentas tus desafíos.

¿CÓMO SURGIÓ?

 La frase nació durante el Clausura 2026. En una entrevista para una televisora, al entonces director técnico de los Pumas, Efraín Juárez, le preguntaron si su equipo tenía posibilidades de conquistar la Liga MX, luego de 15 años sin conseguir el título.

 Su respuesta fue inmediata: “¿Y si sí? ¿Y si Pumas sí es campeón?”

 Aunque los universitarios terminaron como subcampeones ante el Cruz Azul, la expresión fue adoptada por la afición auriazul. Meses después, impulsada por aficionados en las redes sociales y retomada por jugadores como Santiago Giménez, se convirtió en el lema que acompaña la ilusión de México durante el Mundial 2026.

CÓMO FAVORECER LA DOPAMINA Y LA MOTIVACIÓN

 La dopamina es una sustancia química que produce el cerebro y que actúa como mensajero entre las neuronas. Participa en funciones como el aprendizaje, la toma de decisiones, la motivación y la ejecución de movimientos voluntarios.

 Los especialistas recomiendan diversos hábitos que contribuyen a mantener un funcionamiento saludable de este sistema, entre ellos:

 – Hacer ejercicio físico. No tiene que ser intenso: caminar, bailar, estirarse o realizar cualquier actividad placentera ayuda a estimular los circuitos de recompensa.

 – Establecer y alcanzar metas pequeñas. Dividir un objetivo grande en pasos alcanzables favorece la sensación de logro y mantiene la motivación.

 – Dormir bien. El descanso adecuado es fundamental para el equilibrio de este sistema cerebral.

 – Llevar una alimentación saludable, rica en omega-3, proteínas de calidad y baja en alimentos ultraprocesados y azúcares refinados.

 – Exponerse a la luz solar y pasar tiempo al aire libre.

 – Practicar atención plena (mindfulness) o meditación para reducir el estrés.

 – Escuchar música que resulte placentera.

 – Buscar experiencias nuevas, como aprender una habilidad, probar un platillo distinto o cambiar la ruta habitual de una caminata.

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