Staff / El Mañana
- Un ciudadano quedó dormido en la calle mientras otro aplicó la ley universal: cerveza sola no sobrevive.
Mientras uno quedó rendido en plena calle, otro aplicó la ley no escrita del barrio: cheve sola… cheve adoptada.
La paz de la tarde en las calles de la capital potosina fue interrumpida por un escenario digno de documental urbano, cuando un ciudadano quedó profundamente dormido en plena vía pública, presuntamente bien fumigado, bien confiado y bien fuera de este plano astral.
Testigos relatan que el hombre cayó en un sueño tan profundo que ni los ruidos, ni la vida, ni sus decisiones pasadas lograron despertarlo. A su lado, quedó una cerveza abandonada, sin dueño aparente, huérfana, indefensa y calentándose peligrosamente al sol.
El momento crítico llegó cuando apareció un segundo personaje, identificado por vecinos como borrachales, colmilludo y con radar para desgracias ajenas. Al observar la escena, el sujeto entendió que la cheve estaba en riesgo y, en un acto que algunos ya califican como servicio comunitario, decidió rescatarla del abandono.
Sin mediar palabra y con total seguridad moral, el individuo tomó la cerveza y le dio el destino que merecía, mientras el propietario original seguía dormido, ajeno a la tragedia que se desarrollaba a escasos centímetros de su humanidad.
La escena generó debate entre los presentes:
— “Se la robó”, dijeron unos.
— “No, la salvó”, respondieron otros.
Hasta el cierre de esta edición, el ciudadano dormido no ha rendido declaración, aunque se presume que al despertar experimentó confusión, sed y una profunda reflexión sobre no dejar bebidas solas.
Autoridades del barrio hicieron un llamado urgente a la población a no abandonar cervezas en la vía pública, recordando que el abandono etílico es real y duele.
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