En su cuenta oficial, el Jardín Escultórico Edward James, menciona que este no fue pensado como una obra que se termina, sino como un sueño que se camina. El fundador imaginó una arquitectura sin función práctica, donde las columnas no sostienen techos y las escaleras no llevan a ningún lugar. Aquí, la selva no enmarca la obra: la atraviesa, la transforma y la mantiene viva.














