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Staff / El Mañana
Una delegación de más de cincuenta representantes de la región potosina participa en el XXIX Festival de la Huasteca en Álamo, Veracruz, compartiendo su riqueza cultural.
Los colores, los acordes de la música de cuerda y los sabores ancestrales de la región nororiental de San Luis Potosí cruzaron las fronteras estatales para instalarse con fuerza en tierras veracruzanas. Con una comitiva conformada por más de cincuenta cultores, músicos, artesanos y expertos en saberes ancestrales, las comunidades originarias participan activamente en la vigésima novena edición del Festival de la Huasteca, un magno encuentro regional que este año tiene como sede el municipio de Álamo, Veracruz. Las delegaciones potosinas arribaron cargadas de identidad, dispuestas a mostrar la vitalidad que persiste en los pueblos de esta vasta zona verde.
El contingente que representa a la entidad está integrado por habitantes procedentes de localidades clave de la geografía huasteca, destacando la presencia de creadores de Tancanhuitz, Aquismón, Xilitla, Ciudad Valles, Tampacán y San Antonio. Este mosaico de comunidades se unió en el escenario vecino con representantes de Hidalgo, Querétaro, Puebla, Tamaulipas y el propio estado anfitrión, tejiendo una red de hermandad cultural donde las raíces comunes se entrelazan a través del arte popular, la lengua materna y las expresiones festivas que han resistido el paso de los siglos en la región.
Durante las primeras jornadas de este encuentro, los acordes de los huapangos tradicionales y las notas de las bandas de viento marcaron el ritmo de las actividades colectivas, secundados por la algarabía de las danzas de huehues que llenaron de misticismo y color las plazas públicas. A la par de las presentaciones escénicas, el público asistente pudo atestiguar la muestra de saberes comunitarios, oficios artesanales y la destreza de manos laboriosas que moldean el barro, tejen textiles de telar de cintura y preparan platillos típicos con recetas heredadas de generación en generación.
Asimismo, la comitiva dio un realce especial a la medicina tradicional y a las prácticas de curación con plantas medicinales, destacando la participación de parteras y terapeutas empíricos que mantienen vigentes los conocimientos curativos tradicionales. Este intercambio de saberes demuestra que la cultura de la zona no es una pieza de museo, sino un organismo vivo que late con fuerza en cada rincón de los municipios participantes, consolidando la presencia de las comunidades indígenas en los grandes escaparates culturales del país.


















