Cuando el “ambientalismo” apesta a política
En San Luis Potosí ya nos sabemos esa historia: aparece una obra pública, comienzan los trabajos, y de pronto surgen los “defensores ciudadanos” de ocasión que, casualmente, siempre están en contra de todo… menos de sus propios intereses.
Lo que está ocurriendo con la rehabilitación del Parque Tangamanga y del Splash no es la primera vez que lo vemos. Bajo el disfraz de una supuesta lucha ecológica, algunos grupos han intentado construir un conflicto donde no lo hay, más movidos por la grilla que por la naturaleza. Porque si de verdad les preocupara el medio ambiente, ya los hubiéramos visto protestando contra los verdaderos abusos urbanos de décadas pasadas. Pero ahí sí, silencio absoluto.
La realidad terminó por imponerse. En tribunales, sus recursos legales simplemente no caminaron. Fueron desechados porque no había sustento. Y cuando la vía jurídica se les cayó, cambiaron al terreno mediático, apostándole al escándalo en redes sociales, a las palabras alarmistas y a las fotos fuera de contexto. La famosa “tala masiva” terminó siendo lo que los dictámenes técnicos señalaron desde el inicio: poda controlada y retiro de árboles secos, menos de una docena.
Nada que ver con la narrativa catastrofista que quisieron vender.
Pero el fondo del asunto no es ambiental, es político. Hay quienes extrañan reflectores, cargos o cuotas de poder, y encuentran en estos temas una manera de volver a aparecer. Son los mismos perfiles que nunca se asoman cuando se trata de respaldar proyectos que benefician a la mayoría, especialmente a las familias que no tienen acceso a clubes privados ni espacios exclusivos.
Porque hay que decirlo claro: el Splash no es de unos cuantos, es de las familias potosinas. De quienes esperan espacios dignos, accesibles y seguros para convivir. Eso es lo que se está rescatando.
El propio gobierno estatal abrió la puerta al diálogo, propuso un comité ciudadano e invitó a especialistas y voces críticas a participar. ¿Y qué pasó? Muy pocos acudieron, muchos sin conocer el proyecto y otros más evidenciando que la protesta tenía más consigna que información.
Cuando una causa es auténticamente ciudadana, se nota en la convocatoria, en los argumentos y en el respaldo social. Aquí vimos lo contrario: improvisación, desconocimiento técnico y un intento de politizar cualquier mejora pública.
San Luis Potosí ya cambió. Hoy hay obras que se discuten, se revisan y se transparentan. Lo que también debería cambiar es esa vieja costumbre de oponerse por sistema.
Porque defender un árbol es válido.
Defender intereses disfrazados de árbol, ya no engaña a nadie.












