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TRAZAN LA RUTA DE ‘PINTORES DE LA NUEVA ESPAÑA’

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Ciudad de México 2 julio 2026.- Un panorama general de los pintores de la Nueva España, muchos de ellos conocidos sólo por especialistas o dispersos en documentos de archivo, sale ahora a consulta pública en un catálogo digital que amplía el mapa de la pintura virreinal.

 De alrededor de los 700 artistas consignados anteriormente por investigadores fundamentales como Manuel Toussaint, la nueva herramienta reúne cerca de mil 400 registros.

 “Muchos de esos nombres estaban perdidos, oscuros, en papeles de archivos que algunos cuantos conocían”, señala en entrevista el historiador del arte Rogelio Ruiz Gomar, quien desarrolló el catálogo Pintores de la Nueva España junto con Pedro Ángeles Jiménez en Infraestructura Digital para el Estudio de la Historia del Arte (IDEHA), del Instituto de Investigaciones Estéticas (IIE) de la UNAM.

 El catálogo no sólo permite redondear perfiles biográficos; al operar en IDEHA, también establece relaciones entre personas, obras, documentos, lugares y acontecimientos y amplía, así, las posibilidades de investigación y análisis histórico.

 El proyecto impulsado por Ruiz Gomar y Ángeles Jiménez, también historiador de arte, nació de una idea que durante años pareció destinada al libro: una especie de diccionario de pintores coloniales.

 Sin embargo, la información reunida por ambos durante años, así como la posibilidad de someterla a consulta, corrección y ampliación, llevaron la iniciativa hacia otro formato: una plataforma digital abierta, susceptible de modificarse conforme aparezcan nuevos documentos, precisiones o aportaciones de especialistas y usuarios.

 Este recurso no incluye únicamente a pintores reconocidos, sino también a quienes participaron en el oficio desde otras posiciones, apunta Ruiz Gomar.

 “Decidimos incluir no sólo a los pintores que están documentados como tales, sino a todos aquellos que tomaron también, de alguna forma, el ejercicio de la pintura como actividad, por ejemplo, a los aprendices”.

 Para Ruiz Gomar, la obra de Toussaint, autor de libros como La pintura en México durante el siglo XVI (1936) y Arte colonial en México (1948), prosigue como punto de partida indispensable, pero requería una actualización.

 “Su obra está escrita a mediados del siglo pasado y, aunque es lo más completo que teníamos, ya para nuestras fechas olía un poco a viejo. Entonces era necesario actualizar la información, ponerla al día, y ahí fue donde fueron saliendo muchísimos nombres más”.

 El crecimiento del catálogo es resultado de un largo trayecto de investigación, intercambio entre especialistas y revisión de fuentes documentales.

 Las firmas en lienzos aportaron algunos nombres, pero, advierte el investigador, son los casos menos frecuentes: muchos pintores no firmaban todas sus obras, y otras piezas perdieron su contexto al desmontarse retablos, dispersarse conjuntos o desaparecer los cuadros que sí llevaban firma.

 La fuente más fértil ha sido otra: los archivos.

 Ruiz Gomar recuerda el trabajo de investigadoras e investigadores que revisaron expedientes del Archivo General de la Nación, protocolos del Archivo General de Notarías y documentos de la Academia de San Carlos, entre otros fondos. En legajos dedicados a asuntos de inquisición, matrimonios o bienes nacionales, entre otros, podían aparecer, de forma lateral, datos relevantes para la historia del arte.

 Esa labor paciente, dice, permitió aprovechar información que los maestros de generaciones anteriores no tuvieron a la mano.

 “No tenían informaciones que ahora ya vamos teniendo gracias a toda esta labor paciente de varios colegas que se han ido a quemar las pestañas consultando las viejas páginas de archivos varios”.

 El catálogo también permite actualizar la información disponible.

 Ruiz Gomar advierte que en la investigación histórica un documento puede abrir una hipótesis, pero otro posterior puede deshacerla.

 Un contrato para realizar un retablo, por ejemplo, no prueba necesariamente que la obra se ejecutó: años después puede aparecer otro expediente que revele que aquel primer proyecto no prosperó.

 “Nunca podemos dar por cierto ningún dato porque siempre estamos abiertos a que salga un nuevo documento que nos venga a tirar todo lo que ya creíamos saber”, previene.

 Uno de los casos que ilustra esta circunstancia es el de Miguel Cabrera, figura mayor de la pintura novohispana. Durante un tiempo se consideró probable que hubiera nacido hacia 1695, a partir de partidas de bautizo asociadas a un niño llamado Miguel y al apellido Cabrera. Sin embargo, nuevas deducciones documentales han llevado a considerar más probable una fecha cercana a 1710.

 La naturaleza digital del proyecto es, por ello, una ventaja. Especialistas, museos, galerías e incluso coleccionistas particulares pueden aportar información sobre obras desconocidas o piezas fechadas que permitan ajustar cronologías.

 “Nosotros somos investigadores, pero no tenemos acceso a colecciones particulares, y ahí hay todavía, de repente, maravillas insospechadas”, dice.

Herramienta para el patrimonio

 El catálogo, consultable en ideha.esteticas.unam.mx, también podría tener utilidad patrimonial en el caso, por ejemplo, de obras virreinales hurtadas de templos mexicanos.

 “Si quieren subastar un cuadro que tenemos noticia de que fue robado de alguna iglesia de Tlaxcala, eso sí se podría parar y sería interesante”, plantea.

 Por otro lado, reflexiona Ruiz Gomar, el registro en IDEHA de pintores no tan conocidos, como Juan Patricio Morlete Ruiz o Francisco Antonio Vallejo, puede incidir también en la valoración y visibilidad de artistas menos conocidos en el mercado del arte.

 En ese sentido, lamenta la falta de partidas presupuestales en México para adquirir pintura virreinal en el mercado internacional.

 “Son los museos, sobre todo últimamente los norteamericanos, los que están adquiriendo mucha obra nuestra de este periodo virreinal. Es triste ver cómo mucha obra la está adquiriendo el Museo de Filadelfia, el LACMA, el Metropolitan… Cuando salen obras así de muy buena calidad, se están yendo a Estados Unidos.

 “Nosotros, para ir a ver cuadros de nuestros pintores, tenemos que estar atentos a hacer un viaje o esperar a que los suban y poderlos ver en sus magníficas páginas, porque eso sí: están abiertas al público y se pueden consultar”.

Tecnología que une siglos

 La antigüedad del corpus presente en este catálogo contrasta con la arquitectura tecnológica que lo sostiene.

 El proyecto se basa en la generación de smart data, es decir, datos curados y estructurados a partir de terminologías controladas, reglas de catalogación y estándares internacionales de normalización que permitirán interrelacionar información y visualizar conexiones entre los distintos actores del mundo artístico novohispano empleando la plataforma Omeka S.

 Por ejemplo, al consultar el perfil de un pintor, es posible identificar sus vínculos con otros artistas, ya sea por colaboraciones profesionales, relaciones de compadrazgo, participación como testigos en procesos legales o por otros lazos documentados en las fuentes históricas.

 Este proyecto también abre la posibilidad de que investigadores de otras áreas de conocimiento del arte se sumen a la iniciativa mediante la incorporación de nueva información y la aportación de perspectivas que contribuyan al enriquecimiento y mejora continua del repositorio.

 Asimismo, busca fortalecer la colaboración con otras instituciones dedicadas a la catalogación y documentación del patrimonio cultural, de acuerdo con la presentación institucional del proyecto.

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