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- La Secretaria de Educación ya no sabe si reír, llorar o poner un puesto también
San Luis Potosí, S.L.P., 30 de noviembre de 2025. — Dentro de las escuelas ya no venden refrescos, frituras, donas bañadas en azúcar o esas bolsitas que crujen a kilómetro y medio… pero basta que los niños crucen la banqueta para encontrarse un festival de antojos con carrito, cortesía del ambulantaje que vio oportunidad y dijo: “de aquí soy”.

La SEGE levantó la ceja -y la voz- porque mientras las cooperativas escolares cumplen la regla de no vender ultraprocesados, afuera los ambulantes están haciendo su agosto en pleno noviembre. Hot dogs, papitas, refrescos de litro, dulces que hasta el color te da diabetes… todo sin control ni supervisión.
Juan Carlos Torres Cedillo, titular de la dependencia, aceptó que la medida dentro de los planteles va bien: menos cochinadas, más opciones sanas. El problema es que, al sonar la campana, los chamacos salen corriendo directo a lo que intentaron evitar.

Y por si fuera poco, el segundo villano de esta historia no es el ambulantaje… son las loncheras familiares. Torres Cedillo reconoció que muchos papás siguen enviando frituras, refrescos y bebidas azucaradas como si fueran vitaminas.
Las cifras tampoco ayudan: México sigue con niveles altísimos de sobrepeso y obesidad —más del 35% en adultos y cerca del 40% en niños de 5 a 11 años—, números que harían temblar a cualquier nutriólogo… y a cualquier botón de camisa.
La SEGE insiste: las escuelas ya cumplieron, ahora falta que municipios y familias se pongan las pilas para evitar que la banqueta escolar se convierta en la sucursal no oficial de la comida chatarra.














