🔊 Escuchar esta nota informativa:
El Separador
El primer latinoamericano en ganar un Oscar fue Manuel Antonio Rodolfo Quinn Oaxaca, (Chihuahua, 1915). Sus actuaciones en grandes ligas -Viva Zapata, Lawrence de Arabia, Barrabás o La Strada- y bajo la dirección de gigantes como Fellini, lo convirtieron en un referente cinematográfico desde los años 50.
Recuerdo a un actor mordaz de cejas pobladas que da vida a un cretense borracho, irreverente y soñador -Alexis- que convence a Alan Bates -Basil, poeta prolijo- y a todo el respetable, sobre el inmenso valor del presente, espacio en que conviven la pasión y la razón, el blanco y el negro.
Le cuento el final de la cinta y usted adivina:
-Enséñame a bailar.
-¿Dijiste bailar? ¡Vamos chico!
Un chasquido, buzuki. Los brazos en cruz y la danza Sirtaki con la vista al frente. Con la autoridad de un padre, Zorba le dice a Basil:
-Jefe, tengo tanto que decirte. Nunca amé a un hombre más que a ti.
El milagro de la vida y el mar en la espalda:
-Hey. ¿Habías visto una colisión tan esplendorosa? No quedó nada.
¡Puedes reír! ¡Ríe!
FIN.
Sepa usted que a Antony Quinn lo descubrí antes que a Zorba el Griego. Adopté una afición por los poemas musicalizados por influencia de mi papá, quien solía ponernos por la mañana LP´s con declamaciones de Enrique Rambal o Jorge Lavat que daban voz, a lo que quizá no sabía expresarnos con facilidad a mi hermana y a mi.
Un domingo entre los hotcakes y la Misa de diez escuchamos La misma vida te dirá. Otros dos puntos.
“Nunca se deja de soñar. Soñar es igual que el mundo, que nunca deja de rodar. Los sueños ponen más valor en el corazón. Además, la misma vida te dirá. El futuro es solo una promesa; pon tu fe en el presente, que es la fuente de la vida. Ten confianza en ti mismo. Estira los brazos y tendrás en tus manos las estrellas. Yo camino por la tarde de mi vida. No tengas miedo jamás hijo. Y nunca olvides que te quiero. Ahh cómo te quiero hijo mío.”
Recibí el video este domingo con motivo de Día del Padre. La voz áspera y robusta de Antony Quinn me llevó a la peli de Zorba y envolvió los silencios que los papás regalamos; pero que con la ayuda de los grandes y sin miedo, nuestros hijos podrán asimilar.
También viajé a la playa en el Egeo para encontrarme con mi papá y mis chamacos, quienes bailamos abrazados y frente al mar de vez en cuando.














