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Staff / El Mañana
Los encargados de contar los relatos de los pueblos se juntaron en El Colegio de San Luis para proteger las tradiciones que nos dan identidad.
Hay historias que no vienen en los libros gruesos de la escuela, sino en las charlas de banqueta, los recuerdos de los abuelos y los pasajes que marcaron a cada barrio de nuestra tierra. Para que toda esa riqueza no se la lleve el viento ni quede en el olvido, los meros meros de contar lo que pasa en nuestros pueblos se dieron cita para cerrar filas y poner en alto la memoria colectiva.
En las instalaciones de El Colegio de San Luis se armó la fiesta del recuerdo con la Asamblea Ordinaria Anual del Consejo de la Crónica. Y la fecha no fue casualidad: se celebró por primera vez el Día del Cronista Potosino, un merecido apapacho para quienes se queman las pestañas escudriñando papeles viejos, rescatando fotos en sepia y platicando con la gente de las cuatro regiones para que el ayer siga vivito y coleando entre nosotros.
A la reunión le entró también Juan Carlos Torres Cedillo, titular de la Secretaría de Cultura estatal. Ahí se dejó claro que la chamba de un cronista no es andar juntando tierra en una oficina, sino rescatar leyendas, fiestas patronales y acontecimientos que hacen que uno se sienta orgulloso del terruño.
Eso sí, la tarea no está fácil. Muchos archivos andan desperdigados por aquí y por allá, o sobreviven nomás de boca en boca. Por eso, estos encuentros sirven para tejer red, compartirse los trucos del oficio y ver cómo acercar el pasado a los jóvenes antes de que la tecnología les haga olvidar de dónde vienen.
















